martes, 15 de septiembre de 2009

Legalismo: Un acto terrorista en la Iglesia de Cristo

Escribo este ensayo como un desahogo a mis pesadumbres con respecto al legalismo, no tengo nada en contra de las leyes, ¡al contrario!, me encuentro cada día rodeada de ellas y me parecen que hacen que la vida de todo ser humano sea agradable, simple y práctica; hasta me atrevería a decir que vivo de algún modo feliz gracias a ellas. Las leyes me han dado un sentido de orden y contentamiento a mi vida, sé que el Señor Jesucristo es un Dios de leyes, y esas leyes las ha hecho para mostrarnos Su perfección, Su grandeza y lo lejos que estamos de agradarle por nuestros simples y burdos actos.
Como dije anteriormente, no pretendo criticar y señalar con mi dedo acusador al legalismo, de hecho creo que aún las personas que se sienten muy liberales son legalistas, el legalismo religioso es tan sutil que es difícil no caer en él. Me frustraría sólo acusar al legalismo, ya que no lograré nada, es por eso que este tratado lo enfoco a un acto maravilloso, apasionante y extremadamente conmovedor para mi persona: La Gracia.
El legalismo es el asesino de la gracia, dijo un pastor norteamericano. En este peregrinaje en mi camino hacia Cristo estoy convencida que más que acusar una posición u otra, es estar conscientes de cuán grande es el amor de Dios que nos ha dado GRATIS todo Su amor, paz, misericordia y perdón.

Ante un mundo desprovisto de gracia, Cristo manifiesta Su gracia por medio de Su Iglesia. ¿De qué otra forma puede Él manifestarse al mundo perdido? Es por eso que cada cristiano debe reflejar el carácter de Cristo y para que eso sea una realidad necesitamos la mente de Cristo.
Lo opuesto a la gracia es el legalismo. Es debido a eso que debemos reflexionar si en verdad les estamos presentando a las personas a un Dios de amor incondicional y Salvador misericordioso. ¿Cuán efectivos estamos siendo para derramar gracia entre nosotros mismos como cristianos y al mundo donde nos desarrollamos? Que el legalismo no llegue a opacar la gracia que nos ha sido dada por medio del sacrificio de amor de nuestro Señor Jesucristo.


¿QUÉ ES EL LEGALISMO?


La palabra “legalismo” no se encuentra en la Biblia. Es un término que usamos los cristianos evangélicos para describir una posición doctrinal enfatizando un sistema o reglas y reglamentos, para alcanzar tanto la salvación como el crecimiento espiritual. Doctrinalmente, es una posición esencialmente opuesta a la gracia. Aquellos que sostienen una postura legalista, pueden fallar aún en ver el propósito real de la ley, especialmente el propósito de la Ley de Moisés en el Antiguo Testamento, el cual es el ser nuestro “ayo” o “tutor” para traernos a Cristo. (“De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe.” Gálatas 3:24).


Según el la enciclopedia Larousse el legalismo se define como: “La tendencia o interés en cumplir minuciosamente la letra de la ley y sus formalidades.”
De esta manera podríamos definir al legalismo religioso como la aplicación de leyes y de reglamentos humanos como base de la salvación, justificación o santificación.
El espíritu del legalismo se expone en las palabras siguientes del Apóstol Pablo:
"Porque yo les doy testimonio de que tienen celo de Dios, pero no conforme a ciencia. Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree." Ro. 10:2-4

LO QUENO ENTIENDE EL LEGALISMO

El legalismo, por su propia naturaleza, favorece la hipocresía, porque puede encubrir lo que está pasando por dentro. La insistencia en lo externo hace fácil que una persona finja; que se conforme al mismo tiempo y que suprima o esconda sus problemas internos.
Philip Yancey, pastor y editor general de la revista Christianity Today, en su libro “Gracia Divina vs. Culpabilidad Humana” dice que los cristianos tenemos nuestros propios grupos de pecados “aceptables” e “inaceptables”. Mientras evitemos los pecados más notorios, nos sentimos bastante satisfechos con nuestra situación espiritual. 1 ¡Este es el gran peligro del legalismo!
El apóstol Pablo trata duramente a las personas que se guían bajo el legalismo, les llama insensatos y necios.

¡Oh gálatas insensatos! ¿Quién os fascinó para no obedecer a la verdad, a vosotros ante cuyos ojos Jesucristo fue ya presentado claramente entre vosotros como crucificado? Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe? ¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne? Gálatas 3.1-3
Desde el principio de Su ministerio en esta tierra, el Señor Jesucristo condenó fuertemente a aquellos que pretendían ser justos por medio de sus obras. Para ser más específicos a los escribas y fariseos de Su tiempo (Mateo 23).
Las personas legalistas no entienden bien la suficiencia del sacrificio del Señor Jesucristo, la justificación por la fe, el proceso de santificación y la relación del cristiano con la Ley Divina. A su vez, el legalismo juzga a los demás con las leyes y regulaciones humanas que los mismos seres humanos crean.

El legalismo sigue modas al transcurrir el tiempo; por ejemplo, en la Edad Media, cobrar intereses era considerado algo inmoral; tanto, que se les encomendaba este trabajo sucio a los judíos. Hoy en día los cristianos disfrutamos de las tarjetas de crédito, las hipotecas de nuestras casas y las cuentas de fondos mutuos sin sentir remordimiento alguno. Como vemos la moral va cambiando según el paso de los años. No cabe duda que estas posiciones no hacen más que entorpecer nuestra relación de gracia con Dios, perdiendo el sentido real del Evangelio del Señor Jesucristo.

GRACIA VS. LEGALISMO



“Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.” Gálatas 5.1

El Señor Jesucristo enfocó el pecado de una manera totalmente distinta a los que muchos de su tiempo interpretaban. En lugar de enfocarse en el tipo de pecados, hizo que sus oyentes levantaran la vista hacia un Dios perfecto, ante el cual todos somos pecadores. Esta conciencia nos debería hacernos estremecer y desear ser más como Cristo.
Pablo nos exhorta a permanecer firmes en la libertad, no tratemos de ser “espirituales” en base a nuestros propios méritos, dejemos que se cumpla en nosotros la Palabra de Dios. Rehusando a ser esclavizados nuevamente. Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es el que os llama, el cual también lo hará. 1 Tesalonicenses 5.23-24.

Vivamos con honestidad con forme a la Palabra de Dios. Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad. 2 Timoteo 2.15

¡Qué maravilloso es para el cristiano disfrutar de la libertad de la gracia! Esto quiere decir: ¡salir de la esclavitud descrita en Romanos 7 y entrar en la gloriosa libertad de Romanos 8! En los versículos 5–6 Pablo describe el verdadero andar cristiano: nuestro poder es el del Espíritu; recibimos este poder por fe; esta fe produce amor y obras en nuestras vidas. En otras palabras, la doctrina de la libertad cristiana no estimula una vida perversa; en lugar de eso, nos liga más de cerca a Cristo y Él vive a través del creyente (2.20).

Estoy convencida que el legalismo no será erradicado de nuestras iglesias por completo, esto sólo lo veremos cuando estemos en el Reino de los Cielos. Pero también estoy convencida que los aguijonazos del legalismo pueden ceder cumpliendo el mandamiento que Cristo nos ordenó: No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé. Esto os mando: Que os améis unos a otros. Juan 15.16-17 . El amor hace que miremos a la Ley de Dios con amor.

¿Cómo adquirir un justo medio ante el legalismo y el libertinaje? Sólo con la ayuda del Espíritu Santo de Dios, siendo bíblicos y amorosos en nuestra forma de actuar es que podremos acercarnos a ser como Cristo fue en esta tierra.

Las intenciones de muchas personas que en la iglesia adoptaron el legalismo como norma de conducta, lo hicieron quizá en un principio por ese deseo genuino de no contristar a Dios. Nuestro pueblo mexicano tiene raíces del catolicismo romano muy fuertes, donde la salvación es por obras y apelan a la bondad humana como muestra de santidad. Es natural que al allegarnos a Cristo tengamos arraigados en nuestros corazones enseñanzas erróneas que distorsionan el camino hacia la gracia divina. Es por eso que debemos escudriñar a la luz de las Sagradas Escrituras nuestros actos y pensamientos hacia nosotros mismos y los demás.

A primera vista, el legalismo parece duro, pero en realidad, la libertad en Cristo es el camino más duro. Cuando vivimos en libertad debemos mantenernos a lo que nos indique el Espíritu de Dios. Estamos más conscientes de lo que hemos descuidado, que de lo que hemos logrado. No nos podemos esconder detrás de una máscara de conducta, ni tampoco bajo las comparaciones fáciles como los demás cristianos.

J. Gresham Machen, teólogo reformado, escribió: “Un bajo concepto de la ley conduce al legalismo en religión; un alto concepto nos convierte en buscadores de la gracia.” P. Yancey dice que el efecto final del legalismo es rebajar el concepto que tenemos de Dios.

¿Y QUÉ HAY DEL LIBERTINAJE CRISTIANO?


Creo que de alguna forma, todos al empezar la vida cristiana, por el celo que sentimos, nos hacemos legalistas. ¡Es fácil caer en el legalismo!

El legalismo surge como reacción desmedida del libertinaje. Y sus objetivos son muy claros: tratar de detener o de repeler la herejía del Antinomianismo, este término apareció en los siglos I y II y se refiere a la práctica (no bíblica), de vivir sin la debida consideración de la rectitud de Dios, emplear la gracia de Dios como si fuera una licencia para pecar y confiar en la gracia para ser limpio del pecado sin condiciones. En otras palabras, ya que la gracia es infinita y somos salvos por gracia, entonces para el antinomianismo podemos pecar cuanto queramos y aún ser salvos.

Esta idea es errónea porque, aunque los cristianos no estamos bajo la Ley “Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia.” (Romanos 6:14), somos llamados a cumplir la ley del amor Gálatas 5.14 ”Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” Los cristianos debemos amar a Dios con todo nuestro corazón, alma, fuerza y mente, y a nuestro prójimo como a nosotros mismos: “Aquél, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo.” (Lucas 10:27). Precisamente en estos pasajes neotestamentarios radica el fundamento contrario al de los antinomianistas.

Pablo parece referirse precisamente a la interpretación del antinomianismo en Romanos 6:1-2: "¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? "De ninguna manera! Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?”. Lo que significa para el creyente, no usar la gracia de Dios como una excusa para pecar, sino para ser controlados por el amor de Dios y de esta forma traer el fruto del Espíritu Santo. “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu. No nos hagamos vanagloriosos, irritándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros.” Gálatas 5:22-25.

Por nuestros frutos conocerán si somos de Cristo, o no. Toda máscara de legalismo y de antinomianismo es echada fuera cuando nuestros frutos no muestran el amor de Dios. No pretendamos pecar deliberadamente, no pretendamos burlarnos de Dios, ya que nos sucederá como dice la Escritura: “Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios.” Hebreos 10.26-27

PARA TERMINAR…

Como miembro de una iglesia cristiana, me preocupa que en nuestras congregaciones exista falta de salud espiritual y equilibrio, sin estos 2 elementos será muy difícil seguir creciendo. Así como un niño enfermo no crece, de igual forma si nuestras iglesias están contaminadas con legalismo y falta de amor, nos convertiremos sólo en activistas, pero nuestros frutos no serán permanentes.
Procuremos ser buscadores de la gracia para mantenernos en salud espiritual. La principal característica de que una iglesia goza de buena salud es la autenticidad. Esto quiere decir que uno conoce sus propias debilidades y está dispuesto a reconocerlas en público. Estoy convencida de que nuestro ministerio más eficaz fluye de nuestras debilidades, no de nuestras fuerzas.

Por lo pronto, mi posición será permanecer en amor hacia las personas que se mueven de forma legalista, sabiendo que la formación en el legalismo deja huellas tan grandes que es difícil arrancar nuestros pensamientos de sus escarnios. Seamos pacientes, fieles y valientes ante cualquier ráfaga de legalismo que quiera manifestarse en nuestras vidas, pero ante todo como dice la Escritura: “…tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados.” 1 Pedro 4.8


“Leyes y regulaciones humanas crean fanáticos; gente justa por sí misma y no hombres y mujeres de Dios”
Mary Ruth Swope

APÉNDICE

1. Philip Yancey, Gracia Divina vs. Culpabilidad Humana, Editorial Vida. Miami, Florida 1997. Pag. 242.

BIBLIOGRAFÍA

Todas las citas bíblicas fueron tomadas de la Biblia Reina Valera de 1960.
Philip Yancey, Gracia Divina vs. Culpabilidad Humana, Editorial Vida. Miami, Florida, 1997.
Max Lucado, En Manos de la gracia, Editorial Caribe. E.E.U.U. 1997.
Manual III, Carácter Espiritual, Enero 2000. La Alianza para la Fundación de Iglesias. Curso Omega.
Gran Enciclopedia Larousse, Tomo XI, Editorial Planeta. Barcelona, España 1972.
Mary Ruth Swope, Escuchando en la oración, Editorial Withaker House, 1986.


PÁGINAS DE LA WEB.

jueves, 2 de abril de 2009

La gente que me gusta

Me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las cosas, sino que sabe lo que hay que hacer y que lo hace. La gente que cultiva sus sueños hasta que esos sueños se apoderan de su propia realidad.



Me gusta la gente con capacidad para asumir las consecuencias de sus acciones, la gente que arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño, quien se permite huir de los consejos sensatos dejando las soluciones en manos de nuestro padre Dios.



Me gusta la gente que es justa con su gente y consigo misma, la gente que agradece el nuevo día, las cosas buenas que existen en su vida, que vive cada hora con buen ánimo dando lo mejor de si, agradecido de estar vivo, de poder regalar sonrisas, de ofrecer sus manos y ayudar generosamente sin esperar nada a cambio.



Me gusta la gente capaz de criticarme constructivamente y de frente, pero sin lastimarme ni herirme. La gente que tiene tacto.



Me gusta la gente que posee sentido de la justicia.
A éstos los llamo mis amigos.
Me gusta la gente que sabe la importancia de la alegría y la predica.
La gente que mediante bromas nos enseña a concebir la vida con humor.
La gente que nunca deja de ser aniñada.
Me gusta la gente que con su energía contagia.
Me gusta la gente sincera y franca, capaz de oponerse con argumentos razonables a las decisiones de cualquiera.
Me gusta la gente fiel y persistente, que no desfallece cuando de alcanzar objetivos e ideas se trata.
Me gusta la gente de criterio, la que no se avergüenza en reconocer que se equivocó o que no sabe algo. La gente que, al aceptar sus errores, se esfuerza genuinamente por no volver a cometerlos.
La gente que lucha contra adversidades.
Me gusta la gente que busca soluciones.
Me gusta la gente que piensa y medita internamente. La gente que valora a sus semejantes no por un estereotipo social ni como lucen. La gente que no juzga ni deja que otros juzguen.
Me gusta la gente que tiene personalidad.
Me gusta la gente capaz de entender que el mayor error del ser humano es intentar sacarse de la cabeza aquello que no sale del corazón.



La sensibilidad, el coraje, la solidaridad, la bondad, el respeto, la tranquilidad, los valores, la alegría, la humildad, la Fe, la felicidad, el tacto, la confianza, la esperanza, el agradecimiento, la sabiduría, los sueños, la humildad, el arrepentimiento, y el amor para los demás y propio son cosas fundamentales para llamarse GENTE.



Con gente como ésa, me comprometo para lo que sea por el resto de mi vida, ya que por tenerlos junto a mi me doy por bien retribuido.



Mario Benedetti

martes, 10 de febrero de 2009

¡VIVA LA VIDA!

¡Viva la vida! Es el título de esta obra de arte creada por la pintora mexicana Frida Kahlo.

Quizás lo que más llama la atención a cualquier persona que sabe de arte y de la vida de esta pintora, es el momento en el cual ella crea esta pintura. Frida se encontraba en el epílogo de su existencia, con un pie amputado, más de 30 operaciones en su columna vertebral y una fractura de cadera; Frida podía decir ¡Viva la vida! Este cuadro muestra a través del color y las formas, alegría y deseos de vivir, la fruta nos invita a saborear sin prisas su delicioso sabor. Este ultimo cuadro de Frida fue firmado 8 días antes de su muerte en un trozo de sandía, Frida pone su nombre y se despide de la vida alabándole ¡Viva la vida!

Es difícil decir !Viva la Vida! cuando nos encontramos en momentos de angustia y desesperación, o cuando las finanzas no van bien, o cuando tenemos alguna enfermedad o algún enfermo en casa, pero aprendamos de un profeta (se llamó Habacuc) que hace mucho tiempo citó estas palabras en medio de estar viviendo una crisis en su pueblo que lo llevó a una depresión muy grande y en medio de ella dijo esto:

“Aunque la higuera no dé renuevos,
ni haya frutos en las vides;
aunque falle la cosecha del olivo,
y los campos no produzcan alimentos;
aunque en el aprisco no haya ovejas,
ni ganado alguno en los establos;

aun así, yo me regocijaré en el Señor,
¡me alegraré en Dios, mi libertador!

El Señor omnipotente es mi fuerza;
da a mis pies la ligereza de una gacela
y me hace caminar por las alturas.”

Habacuc 3. 17-19 (N.V.I.)

El hecho de que Cristo haya venido a este mundo a sufrir y morir, no elimina el dolor de nuestra vida. Tampoco nos garantiza de que siempre sentiremos el consuelo. Pero nos muestra que Dios no se sienta aparte y nos observa sufriendo solos. Él se compenetra con el ser humano, porque en Su vida terrenal, experimentó en su propia carne el dolor que la mayoría de nosotros nunca llegaremos a sentir. Al experimentar este quebranto y sufrimiento, Jesucristo ha obtenido una victoria por nosotros: la seguridad que en la VERDADERA VIDA, llegaremos a un mundo sin sufrimiento. Esto sólo si creemos en Él y le aceptamos en nuestro corazón viviendo conforme a lo que Él ha establecido.

Si tenemos esta esperanza, podremos decir con un corazón sincero ¡VIVA LA VIDA! ¡VIVA LA VIDA QUE ES CRISTO JESÚS!

Dedicado a todos aquellos que por alguna razón han perdido a alguien o algo, y les está costando trabajo decir con convicción ¡Viva la Vida!