Hace mucho tiempo apareció en el “The Christian Digest” el
relato de cómo George Müller invocó al Señor en un momento de crisis. La
historia la cuenta el capitán de un barco trasatlántico, quien declaró que
nunca más pudo ser el mismo hombre después de haber tenido a bordo a Müller.
Una neblina muy densa había aparecido en el océano y el gran trasatlántico tuvo
que detener la marcha. Después de un rato George Müller apareció a la puerta de
la cabina del capitán. Llamó y solicitó una entrevista que le fue concedida en
seguida. “Capitán”, le dijo “Yo tengo que estar en Toronto el domingo próximo”.
El capitán algo amordazado, dio a entender al intruso que el
barco no se podía mover hasta que la neblina se hubiese despejado. “Comprendo”
le contestó Müller, pero en 40 años que sirvo a mi Señor, nunca he dejado de
cumplir un compromiso. Yo tengo que estar en Toronto el domingo próximo.”
George Müller le preguntó al capitán si estaría dispuesto a orar con él. El
capitán algo sorprendido, le dijo que sí. Se arrodillaron los dos y en pocas
palabras Müller le pidió al Señor que despejara la neblina de modo que el barco
pudiera proseguir y él predicar en Toronto el domingo próximo. El capitán
estaba por orar, cuando Müller lo detuvo y colocando su mano en el hombro, le
dijo, “No ore, usted no cree”.
Mientras los dos se dirigían a la cubierta, la neblina había
empezado a despejarse. El sol comenzó a brillar. Pocos momentos después el
barco reanudaba su marcha, y George Müller cumplió con su compromiso en
Toronto.
¿Podemos los cristianos orar de esta manera?
El creer es tan fácil y tan natural como respirar, cuando
conocemos a Dios y Él nos posee, y Su voluntad se hace en nuestra vida. Las
personas que conocen a Su Padre amantísimo no tienen la necesidad de “tratar” de
creer. Descansan en el amor de Su Padre con una certidumbre tal que ninguna
circunstancia las puede perturbar. Dudar de Dios es hacerle mentiroso.
LoreG**..**

1 comentario:
Me encantó el mensaje de esta entrada, felicidades!
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