La Biblia no es un libro cualquiera, no es un libro que se
lea como cualquier otro libro, la Biblia es la misma Palabra directa del
Creador del universo.
La Biblia es Dios revelándose a la humanidad, ¡a ti!
Existe la falsa idea de que una obra literaria tan antigua
no puede dirigirse a las necesidades del hombre y la mujer actuales, muchas
personas piensan que en una época de tantos lógros científicos y tecnológicos
la Biblia está desactualizada; quien piense así nunca se ha dado a la tarea de
leerla y estudiarla, sin embargo; para todos aquellos que la leemos, la estudiamos,
la amamos y la tratamos de llevar a la práctica día a día; nos encontrámos con
el hermoso descubrimiento de que Ella es tan real y acorde a cualquier
circunstancia y época porque es atemporal.
Es en la Biblia donde encontramos la respuestas a las
preguntas filosóficas más antiguas y profundas: "¿De dónde vengo?, ¿por
qué estoy aquí?, ¿adónde voy?, ¿cuál es el propósito de mi existencia?"
La palabra "Biblia" proviene del vocablo biblion
que significa libro. Pero la Biblia es más que un libro o un conjunto de
libros, es la revelación escrita de la voluntad de Dios hacia nosotros, la
humanidad. Detrás y más allá de este libro está el Dios del Libro. La Biblia
trata de Dios y en especial de Su Hijo Jesucristo.
Al leerla, hay que tomar en cuenta que no se puede llevar a
cabo la lectura de la misma a solas, ésta lectura debe ser hecha con al
compañía del mismo Autor: el Espíritu de Dios.
La Iglesia de Jesucristo está basada en el fundamento
bíblico y es por eso que ha permanecido durante tantos años; ¡tenemos a
Cristo!, ¡tenemos Su Palabra! No hay porque estar en confusión, en temor o
soledad; Su Palabra de vida nos acompaña. No pierdas la hermosa oportunidad de
tener la mente nada más ni nada menos que de Jesucristo, el mismo Creador del
universo.
Su Palabra te transformará, sólo aférrate a Ella; Ella sabrá
qué hacer contigo.
Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante
que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las
coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del
corazón.
Hebreos 4:12
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